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martes, 1 de abril de 2014

«Desvelos y pesadillas de una nación».


Hace doscientos años no estaban mucho mejor que ahora, aunque afortunadamente en la actualidad no estemos en medio de una guerra contra un «invasor». Hace doscientos años, además de la guerra contra los franceses, se producía un enfrentamiento cainita entre los inmovilistas reaccionarios y los partidarios de las reformas. De esa doble coyuntura bélica nos habla el decimotercer volumen de «Biblioteca de las Cortes de Cádiz», editado por el Ayuntamiento de Cádiz con la asesoría del «Grupo de Estudios del Siglo XVIII de la Universidad de Cádiz»
      Como recoge la presentación editorial de este volumen la guerra de la Independencia supuso una intensa revitalización de los géneros literarios, entre ellos el del «sueño» con el fin de plantear un análisis de los acontecimientos del día a día mediante una operación alegórica que abstraía a escritor y lector de la inmediatez del asunto y «elevaba» la reflexión a un plano más universal y trascendente. Así se publicaron sueños contra Napoleón y los invasores, sueños contra los liberales o contra los serviles, desvelos de libertad o pesadillas de servidumbre, sueños de destrucción y de esperanza..., todo un abanico de emociones que Jesús Martínez Baro, el autor de esta recopilación, resume acertadamente como los «Desvelos y pesadillas de una nación». Para recabar todos esos sueños de «una nación que se desvelaba soñando con su propio nacimiento y que temía despertar en medio de un delirio», el autor ha realizado un arduo rastreo —a veces árido otras exuberante— a través de un vasta selva de páginas impresas. Una vez establecido el corpus, nos brinda con enorme generosidad una selección de ellos escrupulosamente editados con el mayor rigor filológico, no sin antes ofrecer un interesante análisis de los mismos en el estudio introductorio.
      El resultado —fruto de una tesis doctoral dirigida por mi compañero Fernando Durán y la responsable de este blog— es sumamente interesante, así que lean y disfruten; pero no se descuiden que, a veces, los desvelos y pesadillas del pasado nos revisitan, así que atentos al mensaje de sus autores y, espoleados por ellos, mantengamos la conciencia alerta para que la tozuda realidad no nos coja desprevenidos. 

Presentación en el «Centro Cultural Reina Sofía».


miércoles, 26 de marzo de 2014

Homenaje a la Junta de Señoras de Honor y Mérito.

     Estamos de enhorabuena. Por fin un merecido reconocimiento a la madrrileña Junta de Damas. Desde el 27 de marzo, en la Torre de los Lujanes de Madrid, una placa rendirá homenaje a la Junta de Señoras de Honor Mérito instituida en 1787por R. O. de Carlos III después de algunos años de controversia por la reticencia de hombres como Cabarrús, felizmente contestado por el discurso de Josefa de Amar.
     Haría falta que se hiciera lo mismo en el Real Hospitalito de Mujeres donde la Junta de Señoras Patriótica de Fernando VII estableció su sede durante los años de las Cortes de Cádiz y no estaría de más algún acto de hermanamiento entre Cádiz y  Madrid, a este propósito. No en vano, la marquesa de Villafranca, Tomasa Palafox -figura estudiada por Gloria Espigado-, fue presidenta de la Junta gaditana, casi al tiempo que la que fuera niña regente honoraria de Cádiz, Rosario Cepeda -biografiada por Isabel de Azcárate-, trabajaría en la Junta de Damas madrileña, incluso en las difíciles circunstancias del dominio napoleónico, como bien ha estudiado Elisa Martín-Valdepeñas.
     Lo que unas y otras hicieron por contribuir al progreso de la sociedad y de la patria. Lo que trabajaron en favor de huérfanos, desvalidos y desprotegidos, sobre todo de la infancia de uno y otro sexo, y lo que lucharon para brindar oportunidades a quienes el sistema había excluido, debe merecer nuestra gratitud, respeto y reconocimiento. De aquella patria surgió esta nación y esta sociedad; este país cuyo bienestar tantos afanes generó en el siglo XVIII y que hoy está siendo cuestionado.

domingo, 23 de marzo de 2014

El valor varonil de «La Pajuelera»

Goya. Valor varonil de la célebre Pajuelera en la de Zaragoza. 1816.


     A pesar de que conozco algunos estudios que se ocupan sobre la imagen de la mujer a finals del siglo XVIII y principios del XIX -el más reciente, aunque no exclusivamente de asunto femenino, el magnífico libro publicado por Álvaro Molina, Mujeres y hombres en la España ilustrada-, ignoraba que, a mediados de la centuria, una vendedora de pajuelas se había hecho famosa como torera en la plaza de Zaragoza y se había hecho merecedora de la atención de Goya. Se trata de Nicolasa Escamilla que, además de torear a pie, también era capaz de hacerlo a caballo, garrocha en ristre.
     Vargas Ponce, antitaurino confeso y misógino famoso por su Proclama de un solterón, escribe sobre ella, siguiendo en esto muy estrechamente al Padre Sarmiento: «No hace muchos años que en Madrid se presentó en la plaza pública una mujer para torear, y que de hecho toreó. Llamábanla Pajuelera, porque cuando mozona había vendido alguaguidas o pajuelas de azufretes en un cuarto. Este fenómeno ha sido la ignominia del devoto femíneo sexo, que tiene adherente la compasión, y la afrenta del indiscreto sexo barbado que toleró y dió licencia para que saliese al público semejante monstruosidad. [...] ¿Qué ha sido aquello, sino ridiculizar la fiesta de los toros?» A lo que, siguiendo de nuevo a Sarmiento, añade que Quevedo habría jugado con todos los equívocos derivados de ver el toro toreado por una mujer «ante tanto marido» [José Vargas Ponce, Disertación sobre las corridas de toros compuesta en 1807 por D. José Vargas Ponce, edición ordenada y revisada por D. Julio F. Guillén Tato, Madrid: Real Academia de la Historia, 1961, p. 82].
     En el dibujo preparatorio, realizado en sanguina, la mujer conserva más rasgos femeninos, que son claramente desdibujados en la estampa final, para acentuar la virilidad, la fortaleza y valentía de la Pajuelera. En esta, el caballo, desde el que Nicolasa se enfrenta al toro, tapa al chulo o peón de brega que le auxilia sujetando al équido, es decir el asistente que en el XIX recibiría el nombre cómico de «monosabio». La presencia de este subalterno se aprecia más claramente en la sanguina, lo que demuestra la intención expresa de Goya de ocultarlo en la estampa final para evitar figura que pueda distraer la mirada y oscurezca el protagonismo de «La Pajuelera». 

miércoles, 19 de marzo de 2014

La Constitución española de 1812. El comienzo del constitucionalismo europeo

Cuando están a punto de cumplirse dos años de la celebración del curso organizado por la Freie Universität Berlin y el Instituto Cervantes, sobre la Constitución de 1812 y su influencia en el constitucionalismo europeo,  del que ya me hice eco en una entrada anterior, hemos recibido el volumen resultante.   

 En él se incluyen, junto a las de colegas de Derecho de otras universidades españolas, sendas aportaciones realizadas por Alberto Ramos Santana y quien escribe estas líneas. De todas ellas da cumplida cuenta el índice:


jueves, 13 de marzo de 2014

Pedro Romero, un héroe para el ilustrado Nicolás Fernández de Moratín

Como bien explicara mi maestro Alberto González Troyano en su libro El torero, héroe literario, fue en el siglo XVIII cuando se dignificó la figura del matador de toros, del torero a pie, que disputó la gallardía a los que practicaban el arte del rejoneo o toreo a caballo, esos que también recibían al toro acompañados o no de varilargueros, esto es, los que en la actualidad se conocen como «picaores».
   Y es que, por primera vez, el oficio o arte que practicaban las personas del pueblo llano, era llamado a merecer el lauro que los poetas solían reservar a los héroes marciales, a los soldados victoriosos o, mejor aún, a los militares de alta graduación distinguidos por el laurel de la victoria.
   El poema, «A Pedro Romero, torero insigne», insiste fundamentalmente en la juventud de Pedro Romero, nacido en 1754, que toreó en Madrid por primera vez en 1775, y junto con su padre, Juan, continuó haciéndolo hasta 1778 o 1779.
   Esta vindicación del torero no fue excepcional y cabe recordar que Goya le dedicó varias de sus pinturas, como la que aquí sigue, que se conserva en El Prado:

Pedro Romero matando a toro parado.
 Por otra parte, el carácter enigmático de estos héroes resuena en la caracterización del protagonista de Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), lo que aún pone de manifiesto la singularidad de su figura y, en el caso de la obra del Duque de Rivas, los recelos que despierta en el marqués de Calatrava.
    Los toreros de a pie evidentemente arriesgaban su vida mucho más que los que lo hacían a caballo y eso provocaba la admiración popular que rápidamente los convertía en héroes por la marcialidad de la puesta en escena. Al fin y al cabo se trata de la lid entre el hombre y el toro.

lunes, 10 de marzo de 2014

El diez de marzo de 1820

Como mostraba unos días atrás Alberto Ramos en su blog, a propósito de San Antonio, un grabado de época recogía así lo que fue una de las más indignas represiones de que fue objeto la ciudad de Cádiz en 1820.

    
 La víspera una multitud se había manifestado a favor de la nueva jura de la Constitución de 1812, lo que fue visto con malos ojos por un ejército que se consideraba leal a Fernando VII. Todo ello sucedía en medio de un clima revolucionario en el que se llevaba a cabo un nuevo intento de acabar con el poder absoluto del monarca. Así se había producido el levantamiento de Riego, mientras Quiroga aguardaba en San Fernando poder entrar en la capital gaditana.
     La mañana del día 10 las tropas acuertaladas en la Bomba deciden impedir la jura de la Constitución y, de acuerdo con otros batallones como el de la Lealtad, se dirige por el Mentidero y la calle Veedor hacia San Antonio. Allí los soldados empiezan a disparar contra la población que se arremolinaba en espera de la próxima celebración constitucional. Sin que pudieran preverlo, los soldados se dirigen a ellos, encañonándolos con sus fusiles, por lo que muchos corrieron a sus casas, otros lograron refugiarse en la iglesia de San Antonio y algunos en el café de Apolo. Los que no pudieron encontrar asilo en lugar seguro hallaron la muerte o resultaron heridos. El número de estos es difícil de averiguar, pero parece que alcanzó a medio centenar.
     Algunos datos más pueden leerse en la Historia de Adolfo de Castro, que acusa al otrora héroe de la Independencia, Freyre, de no haber previsto el descontento del ejército y no haber actuado con la autoridad y firmeza necesarias, aunque también acusa a otros militares como Campana, Valcárcel o, entre los revolucionarios indecisos, a Quiroga.
     Algunas de estas cuestiones las abordaremos en el próximo Congreso Internaciona Liberal «La represión absolutista y el exilio», los próximos días 6-8 de mayo.

martes, 4 de marzo de 2014

La andaluza Manuela Luna. Una «mujer fuerte»

   Con este título se publicó en el nº 43 de la revista Andalucía en la Historia (enero-marzo) el artículo sobre la carta que se encuentra entre los papeles de la marquesa de Villafranca, en el Archivo General de la Fundación Casa Medina Sidonia.
   Primero se hicieron eco los del programa «Milenio» de Canal Sur. Ayer salió una reseña en El País. Hoy la historia de la desconocida artillera andaluza, de Fuentes de Andalucía, Manuela Luna Caro, ha llamado la atención del programa de radio de Luis Herrero.


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