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jueves, 6 de febrero de 2014

La «Querella Calderoniana»: 200 años de lecturas y relecturas de Calderón (1814-2014)

Entre los bicentenarios que se cumplen esta año, no cabe duda de que los doscientos años de la «Querella Calderoniana» tienen una importancia fundamental para los estudiosos del Romanticismo. Al mismo tiempo, no puede pasar desapercibido que esta disputa literaria significó una relectura de Calderón y de la literatura del Siglo de Oro, en una coyuntura política que afectó a su sentido y proyección.
         Con este motivo, los grupos de Estudios del Siglo XVIII de la Universidad de Cádiz y el de Investigación de Siglo de Oro de la Universidad de Navarra, acaban de convocar un congreso que se celebrará enla Universidad de Cádiz el próximo curso, entre los días 22 a 24 de octubre.

 

Más información y posibilidad de inscripción en CELAMA


martes, 4 de febrero de 2014

Hace doscientos años. 4 de febrero de 2014

Un día como hoy, aún debían estar los contribuyentes bastante «tiesos» por la cuesta de enero y así estaban las autoridades tratando de llevar a buen puerto la recaudación entre los madrileños. 
         No deja de ser curiosa la distribución de las cantidades que se pide a cada una de las profesiones del tercio anticipado de la contribución directa del año. Las relacionadas con la hostelería se hallan en la cuarta división:
En la undécima división, se aúnan en una mezcla curiosa a los impresores de letras y mercaderes de libros junto con las tiendas de vino común, vinos generosos y aguardientes, entre otros. 
          Al menos, los madrileños podrían seguir disfrutando del teatro y con el regreso de las compañías a Madrid, de la actriz Agustina Torres -famosa en Cadiz principalmente por su recitado del monólogo La Patria, como bien ha estudiado María Rodríguez- hacía las delicias de los concurrentes. En esta ocasión con la comedia El donado fingido y sainete.

          Por su parte los gaditanos parece que seguían con sus negocios, al menos algunos como el citado Juan José de Iriarte, que se dedicaba al comercio con no poca fortuna.

domingo, 26 de enero de 2014

Callejero DelDoce. Calle Obispo Urquinaona, una calle de tiendas y cafés.

Efectivamente, esta calle que según Adolfo de Castro, desde muy antiguo tenía por nombre de las «Escuelas», por estar en ella las que dirigían los Jesuitas, debía estar siempre muy concurrida. No fue hasta la reforma del nomenclator de 1855  que pasó a llamarse de «Turriano», geógrafo e historiador que, según indica Castro -y este toma de Escalera- era considerado gaditano. Efímera denominación, que pronto desapareció para volver a su nombre primitivo, hasta que en 1883 tomó el nombre del gaditano José Mª de Urquinaona y Bidot (1814-1883), canónigo de la catedral gaditana y luego obispo de Canarias y Barcelona, donde falleció.
          Según el Anuario de 1927, en el nº 1 estaba la zapatería de lujo «El Louvre», en el nº 2 la «Casa de Galicia», posiblemente donde, al menos hasta 1921, estuvo el Café Royalty, pues también tenía entrada por el nº 12 de la Plaza Castelar (o de Plaza de Candelaria), donde aparece como «Centro Gallego»; en el nº 3 la tienda de vinos y café «El Laurel», de Agustín Moreno Cantero y que en 1910 lo había sido de Aurelio Arce Minoves. 


         En 1917, no existía aún la Casa de Galicia y sí los mencionados con anterioridad, además, existía una tienda de comestibles y vinos, de Epifanio Serdio, en la accesoria del nº 3 (y 10 de Doctor Dacarrete), una carbonería en el 4, que lo era en 1910 de Aureliano Gómez de Barreda, tejidos «La Riojana» en el 5 duplicado, un estanco en una accesoria del nº 6 y la droguería de Valentín Mercado en otra del mismo número, la tienda de vinos «Las Golondrinas» en el nº 7, el taller de encuadernación de José P. Cámpora en el 8, y el almacén de comestibles de Rosendo Gutiérrez Vega en la accesoria del 12, que ya la tenía en 1910. Por lo que respecta a los impares en la accesoria del 13 estaba la carpintería de Juan Rube Cano -y ya lo estaba 3 años antes-, en la del 17 la carbonería de Antono García y en la del 33 la carbonería de José Sánchez, que seguía manteniendo su viuda en 1921.
Otras tiendas curiosas fueron el taller de plancha que tenía en 1910 Antonio Martínez Ortega -Antonia, dice el año 1914, mientras en el año 21 figura a nombre de Josefa Barrionuevo-, en la accesoria del nº 13, junto a la carpintería de Rube, la tienda de ropa hecha que tenía tambiénen 1910 Manuel Ruiz Balba, en la accesoria del 21.
         Por lo demás, tipógrafos, impresores, delineadores, pintores, músicos, escultores, ebanistas, barnizadores, comisionistas, médicos, una profesional en partos (ya en 1910), ortopédico, zapateros, industriales, militares, marinos mercantes, presbíteros, jornaleros, mecánicos, electricistas, jardineros, tenedores de libros, empleados, retirados, policías, dependientes, caseros y caseras, barajeros, aparadores e incluso, un representante del Cine Escudero en 1914.

domingo, 19 de enero de 2014

Hace 200 años. 19 de enero de 1814.

Para Alberto.

Como recuerda El Conciso, en 1814 se cumplían 7 años «de la lucha gloriosa del pueblo español contra la tiranía» y 3 de la Constitución. Además, un día como hoy, hace doscientos años, daba cuenta de lo ocurrido en la sesión de Cortes y con este objeto, entre otros asuntos, reseñaba la petición del Sr. Abargues de «que por medio de una comisión especial se designe el número competente de literatos que publiquen un periódico, cuyo objeto sea ilustrar la opinión pública, combatiendo las ideas contrarias al sistema constitucional». Por su parte, el decano de la Audiencia territorial pronunció «un corto, pero elegante discurso, felicitando á las Cortes por su traslación á esta capital, y manifestando que la audiencia esperaba hallar en S. M. el mas firme apoyo para llevar adelante la perfecta administración de justicia». Curiosamente también este día, «se mandó quedar sobre la mesa un expediente informado por la comisión de legislación relativo á si las causas de divorcio se han de seguir en los tribunales eclesiásticos, y si en ellas debe observarse el juicio de conciliación: la comisión opina que en quanto á lo primero no se haga novedad ; y que en quanto á lo segundo ningún pleito se admita en los tribunales sin que se haga constar haber  precedido, el juicio conciliatorio».
        No podía faltar, la sátira de la familia Napoleón y, desde luego, mientras, continuaban los españoles acudiendo al teatro. 
                La escena reseñada, entonces, la madrileña:

sábado, 18 de enero de 2014

El liberalismo doceañista y el «Tercer Estado» de Sièyes.

     El pensamiento liberal forjado en las Cortes de Cádiz hundía sus raíces en el iusnaturalismo racionalista del siglo XVIII y en el liberalismo europeo, particularmente en el anglo-francés (Varela).
       Entre estos referentes, el abate Sièyes es quizás uno de los menos explícitos aunque su labor revolucionaria fuera conocida en España y quizás por eso silenciada en la época de las Cortes, en la que tanto se jugaban los liberales. De hecho, sus intervenciones fueron reseñadas en el Mercurio de España de febrero de 1793, agosto de 1795 y agosto de 1799, entre otros números, aunque es cierto que no aparece explícitamente su obra Qué es el tercer estado? (1789), donde consideraba que constituía por sí mismo una nación entera, de modo que no necesitaba ni al clero ni a la nobleza.  Por ello en su organización de los Estados Generales proponía doble número de representantes para el Tercer Estado y que el voto fuera individual y no por estamento. 


         Quien sí alude a ella es Blanco White en su «Carta IV de Juan Sin Tierra al Español» el 30 de julio de 1811 cuando al señalar los defectos de la Constitución gaditana que se estaba discutiendo rechazaba el empeño en hacer un libro hecho «a lo Sièyes» que el pueblo no habría de entender y con una declaración del derecho de soberanía que será rechazada cuando regrese el monarca, al contario de lo que ocurre con la británica donde no hay parlamento sin rey. Así no es extraño que ya una vez promulgada la Constitución en Cádiz, otros periódicos, entre ellos El Sensato, culparan a los gaditanos de haber seguido el modelo de Sièyes.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Francisco Tadeo Calomarde


Francisco Tadeo Calomarde

Este curioso personaje en el que muchos ven a un ser lleno de contradicciones, pero sobre todo un espíritu pragmático y servil puede ser de mucha actualidad en estos días. A pesar de sus humildes orígenes -era hijo de campesinos-, supo convertirse en mano derecha de Fernando VII, a través de su mentor Antonio Beltrán, con cuya hija se casó para no tardar en olvidarla. El rey le encargó vigilar a sus enemigos, particularmente a los liberales, llegando a ser Subsecretario de Gracia y Justicia. Si durante el Trienio Liberal se vio obligado a mantenerse escondido, con los Cien Mil Hijos de San Luis se convierte en Secretario de la Regencia y, más tarde en Ministro de Gracia y Justicia. 
Enemigo de la libertad, hizo girar la enseñanza primaria sobre la doctrina cristiana, el conocimiento de la lectura, la escritura, la ortografía y las «cuatro reglas» aritméticas. En lo que a los estudios universitarios se refiere en 1824 orienta los planes de estudios hacia el Derecho y la Teología, con vistas a anular las reformas introducidas por los liberales en los grados universitarios. Asimismo, establece la censura de libros en los centros laicos y religiosos y controla ideológicamente a los docentes. En esta misma línea crea nuevas escuelas y fomenta las plantillas de maestros. 
Si bien es cierto que abogó por la abolición del castigo físico, también lo es que creó escuelas de tauromaquia.
Según recuerda Francisco de Paula Mellado, en la época de las Cortes intrigó a favor de que la infanta Carlota fuera designada regente y años más tarde, cuando se creía a Fernado VII en las últimas, lo hizo a favor de que la reina Cristina ofreciera la paz con el infante Carlos. Fue precisamente la infanta Carlota la que llegó justo a tiempo de detener el enredo y tras afearle su conducta le dio una bofetada, a lo que Calomarde replicó «manos blancas no infaman».
Ramón de Mesonero Romanos, que lo conoció personalmente, cuenta lo que sigue en sus Memorias de un setentón:

el ministro de Gracia y Justicia, Calomarde, parecía el más influyente e identificado con el pensamiento del Monarca, y era, por consiguiente, el encargado por este de la represión de las ideas liberales o revolucionarias, de la persecución y anulación de sus partidarios, y de la intolerancia contra todo lo que pudiera dar vuelo al saber, al talento y a la ilustración, colocando para ello, en cabildos, tribunales y cátedras, a todo lo más fanático del bando absolutista, cerrando o abriendo a su antojo las Universidades, y dotándolas de planes de estudios los más retrógrados y mezquinos, con tendencia todo al apagamiento del espíritu público y del vuelo de las inteligencias privilegiadas. Encargábase también el Ministro de ejercer el monopolio de  gracias y mercedes, para concederlas a la ignorancia o al fanatismo político, y lo que es aún peor, al favoritismo y al cohecho.

El gobierno decidió enviarlo a Menorca, pero logró huir e introducirse en un convento de franciscanos, desde donde, disfrazado de monje, viajaría a Francia. Trató de regresar a España y alistarse en las filas de Don Carlos, pero el pretendiente lo rechazó y marchó a Roma. Allí se reavivó su religiosidad y pasó los últimos años ayudando a los emigrados de toda condición. Murió el 21 de junio de 1842.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Hace 200 años. 19 de diciembre de 1813.

Han pasado doscientos años desde que la Regencia preparara su regreso a Madrid, el itinerario del viaje que publica la prensa es curioso, pues indica las paradas y las distancias.

Mientras, los gaditanos seguían disfrutando de sus boleras y sus restantes aficiones teatrales.
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