Translate

miércoles, 18 de marzo de 2015

Doceañismo y educación patrimonial de ciudadanos (II)

Como comentaba en la entrada anterior sobre este asunto, el BOJA número 82 de 28/04/2011 publicaba la Resolución de 18 de marzo de 2011, de la Dirección General de Bienes Culturales, por la que se incoa el procedimiento para la inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Sitio Histórico el Legado Patrimonial de los Lugares de la Constitución de 1812 en la Bahía de Cádiz.
Teatro de las Cortes. San Fernando (antigua Isla de León). Fuente: Universidad de Cádiz

Oratorio de San Felipe Neri. Fuente: Universidad de Cádiz

            Cádiz y San Fernando tuvieron la oportunidad de difundir este patrimonio entre sus ciudadanos y visitantes, particularmente entre aquellos que se sintieron atraídos por la celebración de sus respectivos Bicentenarios de la reunión de las Cortes en la antigua Isla de León y de la Constitución de 1812 en Cádiz. En aquellas fechas, la crisis aún no había mostrado toda su crudeza y todavía pudieron realizarse algunas actividades conmemorativas de cierta altura y calado, si bien, muchas de las propuestas más interesantes quedaron atrás, pues en 2012, la coyuntura electoral y la difícil situación económica, junto con algún conflicto de intereses, marcó negativamente el desarrollo final de algunas iniciativas proyectadas. De hecho, lo peor es que, salvo algunas publicaciones que recuperan el legado intelectual de los doceañistas y algunos de los cuidados catálogos de las exposiciones más interesantes, de todo aquello apenas ha quedado nada o casi*. Es absolutamente lamentable, por ejemplo, que, después de la inversión pública realizada para recuperar el Oratorio de San Felipe Neri, este haya quedado limitado al uso de unos pocos para celebraciones exclusivamente religiosas y actos culturales estrechamente relacionados con la confesión católica.
          Pero más allá de las actividades expositivas, festivas o académicas, me interesa recordar las actividades que pudieron llevarse a cabo en materia de educación patrimonial y que podrían y deberían seguir realizándose.  
              En este ámbito, de la mano de la Universidad y del Ayuntamiento, se realizaron una serie de congresos en los que los alumnos de los colegios se convertían en protagonistas que, a través de unos temas que trabajaban en grupo a lo largo del curso con sus profesores, exponían ante sus compañeros a lo largo del mes de marzo. Iniciativa similar fue la llevada a cabo por la Oficina del Bicentenario de la Diputación, que implicaba a colegios de la provincia, extendiéndose así el legado doceañista entre aquellos escolares que, por residir fuera de la capital, hubieran quedado quizás excluidos de la actividad conmemorativa. Del mismo modo, se llevaron a cabo, a través de la Universidad algunas iniciativas que se desarrollaron en el Aula de Mayores, y el Ayuntamiento emprendió en septiembre de 2011 el programa «Cádiz, tu patrimonio», dirigido a las asociaciones vecinales. Este plan fue ampliado en 2013 con las visitas al Museo Litográfico, Casa de Iberoamérica, Centro Cultural Reina Sofía, Castillo Santa Catalina, Castillo San Sebastián, Paseo Constitucional (bus turístico), Ayuntamiento, Gran Teatro Falla, Espacio de Creación Contemporánea (ECCO), Museo Iberoamericano del Títere, Museo de las Cortes 1812 y Museo de Cádiz. En la actualidad se mantiene la oferta turística de la ruta constitucional —por cierto con errores en su web y en la señalética que se debería corregir—. Por su parte, la Universidad de Cádiz mantiene la convocatoria para desarrollar actividades que actualicen el legado doceañista y veremos si existen propuestas para la sensibilización del patrimonio. 
           ¿Es suficiente? creo que no. La prueba es que en la actualidad ni siquiera la señalética de la capital recoge todas las propuestas sí las más significativas, aunque no siempre correctamente indicadas— del catálogo de bienes del legado doceañista que debe ser preservados por el Ayuntamiento y por las demás administraciones implicadas —recordemos aquí al difunto drago y las polémicas que suscitóy las iniciativas dirigidas a los más jóvenes han desaparecido. Así que animo desde aquí a las asociaciones «Cádiz ilustrada», «ADIP», Patrimonio la Isla, lo mismo que a las empresas Animarte, Era Cultura, Planeta Isla, y otras a seguir en esta maravillosa aventura.
             Por todo ello, me parece oportuno y muy conveniente que surjan iniciativas como la de Plan C (con su página en facebook) que promuevan un foro de reflexión, de participación y de actuación que, con el asesoramiento metodológico de la Cátedra de Emprendedores de la Universidad de Cádiz, ha constituido una serie de mesas de debate en torno al patrimonio, la cultura, la educación, turismo y urbanismo, el mundo de la empresa, la responsabilidad social, las redes y la comunicación, no como temas aislados sino transversalmente interconectados, y se implique además en todo el proceso en la transparencia y la participación. Así que ya sabes, si te interesan estos temas, anímate y haz oír tu voz
          Y, porque para Plan C es tan importante el presente como el futuro, una de las propuestas planteadas es desarrollar un Plan C para niños, en el convencimiento de que ellos tienen mucho que decir y de que, «desde el aprendizaje social, emocional y comprometido, se puede actuar para realizar una verdadera trasformación educativa, cultural y de desarrollo social». En esto estamos y aprovecho la ocasión para volver a reivindicar la sensibilización y educación patrimonial, como modo de desarrollar los valores ciudadanos y democráticos**.


* Algunas iniciativas univesitarias como la Línea del Tiempo del punto de Información del Bicentenario permanencen aunque no son visibles para la ciudadanía, otras tienen vida virtual como las Tertulias que hacen Historia sobre las tabernas y cafés o sobre Palabra, música y teatro, entre otras.
** Más sobre patrimonio doceañista, documental y bibliográfico en mi blog literario. 

domingo, 8 de marzo de 2015

8 de marzo. Cuestión de todos

          Como cada 8 de marzo, dedico unas línes de este blog a reflexionar sobre la desigualdad que afecta a hombres y mujeres. Hay quien no entiende que sea necesario conmemorar este día, pero la realidad está ahí, y parece perpetuarse de forma tozuda, sigue advirtiéndonos que aún no somos iguales. Y los recortes en educación e igualdad, no hacen sino retrotraernos a un pasado que creíamos haber dejado atrás.
           Es verdad que hemos avanzado en algunas cuestiones y que, desde luego, hoy, en la sociedad occidental, las mujeres tienen más posibilidades de desarrollarse como personas y de ejercer su derechos como ciudadana, que aquello por lo que las mujeres llevan luchando en España desde hace más de doscientos años, el derecho a la educación, lo hemos conquistado y hoy muchas mujeres han logrado doctorarse, sin que sean mujeres excepcionales como aquella Mª Quintina Isidra de Guzmán: pero lo cierto es que su progreso en la carrera profesional no es el mismo que el de los hombres y no es eso lo peor, sino que muchas jóvenes desaprovechan hoy las oportunidades que le brinda la sociedad. Es absolutamente lamentable, más aún cuando hay muchas chicas como Malala dispuestas a dar su vida por continuar con su educación.
          No hace falta llegar a tanto, pero este 8 de marzo debe servir para seguir avanzando en las conquistas de la igualdad y eso debe empezar por que las propias mujeres sean conscientes de que es necesario reconocer la valía de las mujeres luchadoras, en muchas ocasiones silenciadas por la historia.
         No es necesario convertirse en una heroína como Agustina de Aragón, Ángela Tellería, Carmen Silva, Manuela Luna o tantas otras. Tampoco es imprescindible tener cualidades artísticas como Agustina Torres, la pintora Alejandrina Gessler o Emilia Pardo Bazán; basta con querer avanzar en el propio camino personal y, de paso, estimular a otras mujeres a pensar por sí mismas, como hiciera Frasquita Larrea, o Inés Joyes

Alejandrina Gessler , Madame Anselma, Juno (1882), óleo sobre lienzo.Ateneo de Madrid

Simplemente es necesario hacer el trabajo bien hecho y procurar madurar intelectual y emocionalmente, como bien supo hacer Madame Curie. La emancipación femenina es cosa nuestra; pero también es necesario que la sociedad se dé cuenta de que ignorar la valía de las mujeres es desaprovechar la mitad del talento necesario para progresar.
         Si todavía son necesarios más de 70 años para que el trabajo de las mujeres sea valorado de la misma manera que el de los hombres, si las mujeres no se van a sentir apreciadas, estimuladas, para realizar sus tareas en las mismas condiciones que el resto de los mortales, nos estamos condenando a avanzar mucho más lentamente de lo que podríamos hacerlo.
          Entre esas tareas que, iniciadas, aún necesitan la colaboración de todos para ser completada está la de rescatar el papel de muchas mujeres a las que la historia ha postergado o excluido. Algunas con nombre propio como la cómica y tocaora de guitarra Francisca Valdibia, a la que dedico una entrada en mi blog literario, otras anónimas, que están esperando ser rescatadas del olvido. No dejemos pasar la oportunidad. La reivindicación del 8 de marzo nos compete a todos.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Doceañismo y Educación patrimonial de ciudadanos (I)

         Cuando en España se ha proscrito la educación para la ciudadanía y se ha constreñido hasta casi su desaparición la de ética, en países como México se investigan nuevos caminos para ensanchar la educación cívica. Es lo que hace Valentina Cantón en su artículo «La educación patrimonial como estrategia de formación ciudadana», publicado en 2009.
        Me encontré con este trabajo cuando preparaba mis clases sobre literatura española y gestión cultural, donde abordo —entre otros asuntos— la cuestión del patrimonio y la legislación que, en España y en Andalucía, procura su protección, potenciación y difusión. En este último pilar, el de la difusión y, particularmente en relación a su conexión con la necesaria valoración ciudadana, que recoge la Ley 16/1985, del Patrimonio histórico español, en su «Preámbulo», es donde se debe sustentar la educación y sensibilización ciudadana en materia patrimonial:

«El Patrimonio Histórico Español es una riqueza colectiva que contiene las expresiones más dignas de aprecio en la aportación histórica de los españoles a la cultura universal. Su valor lo proporciona la estima que, como elemento de identidad cultural, merece a la sensibilidad de los ciudadanos. Porque los bienes que lo integran se han convertido en patrimoniales debido exclusivamente a la acción social que cumplen, directamente derivada del aprecio con que los mismos ciudadanos los han ido revalorizando» (p. 18).

          Después —y de manera similar— recoge este concepto la exposición de motivos de la Ley 14/2007 de Patrimonio Histórico de Andalucía, que añade a la idea anterior, la importancia de la identidad colectiva:

«El Patrimonio Histórico constituye la expresión relevante de la identidad del pueblo andaluz, testimonio de la trayectoria histórica de Andalucía y manifestación de la riqueza y diversidad cultural que nos caracteriza en el presente. El sentimiento de aprecio hacia este Patrimonio ha de constituir uno de los pilares básicos para el fortalecimiento de esta identidad colectiva, impulsando el desarrollo de un espíritu de ciudadanía respetuoso con un entorno cultural garante de una mejor calidad de vida [...]».

Monumento a la Constitución de 1812. Fuente UCA.
          En una ciudad como Cádiz, que hace gala de sus tres mil años de historia,  y que acaba de celebrar el bicentenario de la Constitución doceañista, que ha llevado aparejada la Declaración de «Sitio Histórico de la Constitución de 1812», como reconocimiento del legado patrimonial de los lugares vinculados a las Cortes y la Constitución de 1812 en Cádiz, San Fernando y la Bahía, es más que necesaria esta sensibilización y educación patrimonial. 
           La herencia material y simbólica de la conquista de las libertades por los doceañistas españoles está integrada por más de 3.000 bienes inmuebles, muebles y documentales, que quedan inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, y asegurada su protección como «Bien de Interés Cultural» [B.I.C ]; pero, de nada sirve su preservación, si no va acompañada de medidas que estimulen su aprecio y revalorización por los que hoy queremos ser herederos de los liberales doceañistas. Ellos y esta ciudad —esta bahía—, reducto que fue de la España libre, lo merecen. ¿Qué se ha hecho a este respecto? Hablaré de esto en la próxima entrada.

domingo, 8 de febrero de 2015

Callejero del Doce. Calle de la Torre

          Desde que en 1787 la antigua ermita de San Antonio se destinara a Parroquia, la calle que anteriormente no se distinguía por su nombre de la de la plaza de San Antonio, pasó a denominarse Torre de San Antonio, por ser la única que tenía en ese momento la iglesia y se extendía hasta el otro lado de la plaza. En 1858 se le colocó una aguja, al tiempo que se iniciaba la remodelación de la fachada de la parroquia y en 1859 se empezó la construcción de la segunda torre, que no se terminaría hasta 1864. Entre 1855 y 1856 se conocería como de Padilla, al igual que la de Linares —actual Buenos Aires— recibiría el nombre  de Maldonado. Años más tarde, en 1888 y hasta 1913, recibiría el nombre de Segismundo Moret.

Fuente: Memoria de Cádiz.
          La Guía de José Rosetty para 1867 indica que en el nº 14 había una platería, propiedad de Domingo Amigueti; Rafael Ruiz tenía un billar en el nº 40 y sendas escuelas elementales en los números 30 y 43 regentadas por los maestros Enrique Urquiza y José de los Santos, en sus respectivos domicilios; mientras en el 12 duplicado Balbino de Cañas Trujillo dirigía el de San Carlos Borromeo que ofrecía tambien el preparatorio para carreras especiales.
          En el nº 25 tenía su abacería José Sánchez de la Puente y  en el 58 Juan Fernández Cobo; en el 14 duploicado, una frutería antonio de la Peña. En el nº 33, esquina con Jardinillo (actual Cervantes), José Gil, sillero y guarnicionero de carruajes, construía también baúles.
          La imprenta del periódico La Palma estaba establecida en el nº 31 y la imprenta y litografía de Filomeno Fernández Arjona en el 27.
          En el nº 33 tenía su panadería Francisco Vázquez y en el 58, lindando con la calle de la Rosa la viuda de Vera atendía su lechería.

viernes, 30 de enero de 2015

«La carta: prácticas privadas y discursos literarios epistolares»

          Esperamos que se convierta en el próximo monográfico de Cuadernos de Ilustración y Romanticismo nº 25.

          La carta, en el periodo cronológico que abarca CIR, sigue siendo un género que practican reyes, aristócratas u hombres de letras en su vida cotidiana, pero se va a ir convirtiendo en un medio de comunicación indispensable entre los miembros de la burguesía, frecuentado paulatinamente también por las clases populares, según avanza su alfabetización. Experiencias particulares, negocios de política interior y diplomáticos, asuntos comerciales, noticias de viajes, todo un universo informativo y vivencial recorren estas cartas, cuya redacción ocupa durante horas a hombres y mujeres de diferente condición, edad y circunstancia. En todo caso, el atractivo con que abordaron el género algunas personalidades de esta época hizo que sus coetáneos se interesaran por su lectura y se demandara la edición de colecciones, como hizo en 1850 Eugenio de Ochoa al editar para la Biblioteca de Autores Españoles un Epistolario español, hito significativo para el estudio del género epistolar. Al mismo tiempo, los géneros literarios epistolares, tanto los fingidos como los derivados de correspondencias reales, experimentan una edad de oro en esa época, y lo mismo valen como vehículo de la novela, el ensayo o los libros de viajes, que constituyen el modo expresivo de la poesía o bien sirven de recurso para la dinamización o la suspensión dramática. Con el auge del periodismo, no serán pocas las que nazcan expresamente para insertarse en la prensa —donde tendrán una importancia tal que con frecuencia darán lugar al título de la cabecera del periódico—. En fin, una evidencia clara de la versatilidad de la carta y los epistolarios, que desde un punto de vista interdisciplinar pretende ser el objeto de estudio de este monográfico.
Fecha límite de entrega de los textos: finales de febrero de 2015.

domingo, 25 de enero de 2015

Agustina Torres, actriz en el Cádiz de las Cortes

         Como nos recuerda María Rodríguez Gutiérrez, Agustina Torres Aspas Yuste nació en Teruel en 1786. Huérfana de padre desde los cinco años, no pudo recibir una educación esmerada, ya que su madre quedó viuda con cuatro hijos y sin fortuna que la amparase. No obstante, Agustina desde muy niña sabía leer y destacaba por su capacidad para recitar largos pasajes de la literatura clásica, lo que posibilitó que las amistades de la madre vencieran la inicial resistencia de esta para que la hija se dedicase al arte dramático y debutaría en la isla de León (actual San Fernando, Cádiz) a la edad de 13 años.
         No mucho después llegaría a Cádiz, lugar de paso obligado para cualquier compañía dramática que se preciara, por la enorme afición teatral de una ciudad en la que durante el siglo XVIII habían existido  tres coliseos, el de comedia española, comedia francesa y ópera italiana.
         En 1807 la joven forma parte de la compañía de Manuel Arenas —el mismo vecino de Cádiz que junto con José Antonio Salinas había obtenido el arrendamiento en 1804 del teatro cómico de la Isla de León—, que sucede en Cádiz a Luis Navarro. En ella trabaja como primera actriz Mariana Mouton y Bermejo, que ya figuraba en el listado de actores de 1803 bajo la dirección de Navarro. En marzo de 1808 Agustina es una de los firmantes que reclaman los pagos que les adeuda Arenas, que dejará de contar con estos actores para la temporada siguiente.
         En 1809 Agustina se convierte en la Primera Dama de la Compañía, para entonces los franceses habían invadido la península, pero aunque las noticias bélicas no eran positivas, aún no había cundido el desánimo que llegaríacon la derrota de Ocaña en el mes de noviembre. El teatro sigue funcionando y el nombre de Agustina sirve como reclamo para la obra de Lope de Vega Obras son amores, no buenas razones el 24 de septiembre de dicho año.
         La fama le llega en los años de las Cortes de Cádiz cuando el 19 de marzo de 1812 recita en el teatro el monólogo «La Patria», que, como señala María Rodríguez, fue acompañado de un himno dedicado a la Constitución y conoció nuevamente el éxito con ocasión de recitar la oda de Beña, «La Libertad», recitada al estilo griego como prólogo a la tragedia Roma Libre» el 26 de junio de 1812, «en ocasión de celebrar los profesores cómicos la publicación de la Constitución de la monarquía española». Se hallará en los puestos de papeles públicos.  Estuvo en cartel cuatro días. Volvió a la escena al comenzar el año siguiente.
         El 21 de octubre de 1812 se estrena La Viuda de Padilla de Martínez de la Rosa. Alcalá Galiano en sus Anécdotas de las mocedades de Don Francisco Martínez de la Rosa, que la viuda fue interpretada por Agustina Torres, una «mujer de viva sensibilidad, instruida y de ideas que se avenían con las de la heroína a quien representaba». Según comenta, Martínez de la Rosa era de ella «muy amigo y también apreciador suyo»[1] y parece que su memoria lo espoleó a regresar a la ciudad gaditana desde Londres en 1813. 
         Al año siguiente, Agustina Torres sería embargada —esto es, reclamada— para representar en el teatro madrileño de la Cruz, por orden real, junto con su compañero Juan Carretero. En 1815 sería reclutada por Isidoro Máiquez para el teatro del Príncipe.


[1] Antonio Alcalá Galiano, Anécdotas de las mocedades de Don Francisco Martínez de la Rosa, BAE nº 84, pág. 84.

lunes, 19 de enero de 2015

Emperatriz madre. Sofía Dorotea Fiodorowna

Para Alberto, siempre.
Desde 2007 en que preparaba mi capítulo sobre «Las mujeres en la prensa entre la Ilustración y el Romanticismo», me encontré con una referencia que me dejó perpleja. El Conciso de 10 de abril de 1813 hablaba de la constitución en Petersburgo deuna sociedad de damas patrióticas imitación de la junta patriótica de Señoras formada en Cádiz», de la que la emperatriz madre era «la francmasona mayor de la sociedad». De todo ello hablé en Moscú en Mayo de 2008, cuando junto con otros profesores de la Universidad de Cádiz tuvimos  la oportunidad de acudir al III Congreso Internacional de Hispanistas Rusos, organizado por la Universidad Estatal Lingüística de Moscú, con el apoyo del Aula Rusa de la Universidad y el patrocinio del Banco Santander. En mi caso con un doble motivo, presentar el Plan Estratégico del Bicentenario y participar luego en las reuniones del congreso como investigadora.

Por aquellas fechas, me ocupaba en analizar la conformación de las redes patrióticas femeninas y así mi intervención se centró en las «Fraternidades femeninas Cádiz-San Petersburgo», que siguen concitando mi interés, aunque ahora mi prioridad la ocupen otros temas. 
Quiere la diosa Fortuna, no obstante, que no me olvide de ellas y, en el curso de un trabajo sobre la prensa del Romanticismo me he encontrado con un perfil biográfico publicado en el madrileño Correo literario y mercantil titulado precisamente «La Emperatriz madre». Se trata de Sofía Dorotea de Württemberg (o María Fiódorovna, según la Iglesia ortodoxa), nacida en Stettin, actual Szczecin, Polonia, 21 de octubre de 1759 ) era hija de Federico II y recibió una exquisita educación bajo la dirección de «una dama suiza». Llamó la atención de Catalina II, que la llamó a su corte para convertirla en la esposa del gran duque Pablo, su heredero; de esta unión nacerían Alejandro I –que llegaría al trono a la muerte de su padre en 1801– y  Nicolás I –que lo haría a la muerte de Alejandro. La emperatriz madre, a pesar de sus celebradas virtudes, no pudo superar tantas desgracias y murió en el palacio Pávlovsk, én San Petersburgo, el 5 de noviembre de 1828.
Sofía Feodorowna

Licencia de Creative Commons
Doceañista by Marieta Cantos is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.